Foto y Copy: Zegama Azkorri/ Texto: Txus Romón

Nuestro amigo y experimentado corremontes Txus Romón vuelve a la carga, artículo con mucha ‘chicha’ y sobre SEGURIDAD en carreras por montaña.

Hasta hace poco tiempo cuando alguien organizaba una carrera por montaña y en respuesta uno se apuntaba a la misma, ambas partes eran conscientes de que la competición se iba a desarrollar en un medio extraurbano relativamente hostil; la montaña o al menos en el campo.
Los primeros años de la existencia del corremontañeo, los participantes eran por lo general, personas familiarizadas con el monte, y a su vez las organizaciones eran buenas conocedoras de los trazados y sus riesgos, meridianamente controlables sobre todo por la discreta afluencia de atletas.

Han pasado los años, han florecido las carreras y aumentado el número de participantes. Pese a esto, mi sensación es que la ‘cultura corremontañera’ no ha impregnado a la masa al mismo ritmo; el desequilibrio entre la voluntad y la conciencia ha hecho que en muchos casos impere la inconsciencia. El enfoque puede que no sea del todo correcto pero conduce directamente al problema central de la discusión que es el de la seguridad en las carreras; la de los propios eventos y la que concierne a los participantes. Con el bagaje adquirido durante 20 años de entrenamiento, competición y posteriormente de organización, la principal inquietud que me ocupa hoy día es la de la SEGURIDAD.

Este pasado años hemos estado especialmente sensibles por el accidente de un atleta en una carrera asturiana al caer en una trampa de nieve; lo importante es que el asunto terminó relativamente bien, con miedo, sufrimiento, dolor y nervios, pero vivos al fin y al cabo que es lo que importa. Ese es el objetivo de toda organización y corredores, dar la salida, realizar el recorrido sin contratiempos y que todo el mundo llegue a meta. En un entorno urbano es relativamente sencillo porque en caso de imprevistos siempre es mas fácil una intervención. Todo lo contrario a cuando el terreno es montañoso y menos accesible, aquí las cosas cambian.
En lo referente a la SEGURIDAD me gustaría hablar de tres ‘actores’ principales: la ley vigente, las organizaciones y los participantes.

Marató de Montseny 2019

Empezando por estos últimos, se supone que están entrenados, equipados en función del recorrido y sus condiciones, y que son responsables ¿Siendo así es todo fácil? Ni mucho menos. Para muestra una señora carrera como Zegama-Aizkorri 2016, que es la cita con el mayor nivel medio que se puede encontrar en el panorama nacional. Un brusco cambio meteorológico (anunciado) que pilló a todo Cristo en pelotas, sembró el nerviosismo. Se dieron situaciones entre cómicas y dantescas; gente calentándose en los fuegos de las bordas, corredores ‘élite’ corriendo con ropa prestada (de otras marcas) para no sufrir de hipotermia y participantes evacuados como muñecos de trapo.

En aquella ocasión la solvencia de la organización salvó la situación a la que los atletas no deberían haber llegado por ir claramente mal equipados; las personas mayores de edad debemos ser mas prudentes. Tres cuartos de lo mismo ocurre cuando en un recorrido ‘salvaje’ a algún iluminado se nos ocurre tirar ‘palante’ pese a ir justos de fuerzas e irremediablemente cuando ya no se puede más, en lugar de retirarnos en el fondo del valle, tenemos que pararnos en un collado a ‘dosmilipico’ metros y pedir que nos vengan a buscar; la irresponsabilidad de unos supone la exposición y compromiso para otros. En resumen: preparación física, equilibrio mental y equipo, por favor.

En lo referente a la ley, la administración y a quien corresponda auditar las pruebas y dar permisos, la cosa es cuanto menos difusa, aunque algo hay. De entrada, antes de organizar una carrera en un espacio público e inminentemente natural se presupone que hay que pedir permiso a la administración y a la autoridad medio ambiental pertinente. Por supuesto es imprescindible contratar un seguro de al menos responsabilidad civil (sinceramente, es insuficiente, mejor uno completo que cubra a voluntarios y participantes). En lo referente a servicios de emergencia y sanitarios existen ciertos parámetros pero poco claros y suele bastar con un justificante de presencia. Normalmente con esos permisos en regla los ayuntamientos suelen conceder los permisos definitivos. Con estos antecedentes el tema de la seguridad queda poco definido y a expensas de la organización, toda vez que las administraciones dan por sentado que hay permisos, hay sanitarios y suele haber policía para controlar el tráfico. En este apartado no mencionaremos a las federaciones porque merecen un apartado exclusivo ¿Quién auspicia esta carrera? Quien sabe…

¡A correr! Hasta que alguien se caiga, se rompa una muñeca, tarde una eternidad en ser rescatado (el monte es lo que tiene), acuda cabreado al centro sanitario que crea oportuno porque “La organización tiene seguro”, caiga de baja laboral y se le muera la mascota porque ya no la puede atender… ¡Se acabó! Conflicto a la vista, y claro, todo el mundo tiene razón porque ha hecho lo que tenía que hacer. Pero el drama administrativo está servido, el cliente jodido y el organizador con ganas de desaparecer bajo la tierra.
En ningún caso se solicitan planes de seguridad o autoprotección y ademas poco o nada se controla si realmente se cumple con lo ‘prometido’. Poco o nada. De esta manera nos encontramos con pruebas que cuentan UVI móvil, ambulancia todoterreno, protección civil, bomberos, motos y policía y otras en las que poco más que los voluntarios y un puesto de curas son la cobertura para emergencias. De alguna manera la administración se limpia las manos una vez que el organizador presenta ‘el permiso. Y es que ‘el papel lo soporta todo’, aunque muchas veces sea ajeno a la realidad. Pilatos se lava las manos.

Nos queda la organización, los organizadores. ¡Dura vida la de los hombres y mujeres que se dedican a darnos la oportunidad de disfrutar cada fin de semana! ¿Cuántas veces al finalizar la entrega de premios y arrancar la última baliza del recorrido no habrán pensado: “ES LA ULTIMA VEZ QUE ME METO EN ESTO”. El 90% de las organizaciones están sin profesionalizar, aprenden ‘a golpes’, por ensayo y error, y además, gratis.
No creo equivocarme si afirmo que cuando alguien se lanza a organizar una carrera piensa emocionado en el recorrido y la camiseta de regalo y a medida que avanza se estremece ante el descubrimiento del tenebroso mundo de la RESPONSABILIDAD que es familiar directo de la SEGURIDAD. Para organizaciones se podría escribir un libro (seguro que ya está escrito) entero tratando el asunto; solo aspiro a aportar unas pocas nociones. Una idea debe prevalecer; todo el que toma la salida debe regresar, finalizando la prueba por sus medios o en ambulancia pero ‘HASTA QUE TODOS LOS QUE HAN TOMADO LA SALIDA NO HAN LLEGADO LA PRUEBA NO HA FINALIZADO’.

Paula Cabrerizo y Azara García luchando contra los elementos en Zegama Aizkorri 2016

Se puede afirmar por tanto que el primer medio para garantizar un control seguro es una correcta inscripción de los participantes. Hablo de datos reales ¿A qué capullo no se nos ha ocurrido prestar o pedir prestado un dorsal de otro inscrito? En una urgencia miraran nuestro dorsal y nos identificaran por el mismo para prestarnos atención con todas las consecuencias que de ello se derivan. De forma indisoluble el método de cronometraje es un añadido más, por lo general en forma de chip electrónico que como mínimo registra la SALIDA y la LLEGADA (mejor si tiene puntos intermedios) para que el organizador pueda hacer sumas y restas y saber si le falta gente o están todos en casa. ¡Corredores si os retiráis, avisad en el punto de control o avituallamiento mas cercano por favor!

Cuentan de una carrera en la que un señor se retiró y como no le parecía oportuno no lo comentó con nadie y se fue a dormir a su furgoneta mientras los servicios de rescate lo buscaban…
Sinceramente, creo que en las carreras por montaña, un buen sistema de inscripción y cronometraje es la principal medida de control y seguridad y la mejor inversión que puede hacer una organización.

Respecto a la equipación o material obligatorio, siempre es fuente de controversia entre organizadores y atletas, principalmente por el ‘sobrepeso’ que suele implicar portar cierto equipo. Con el tiempo se abarataran los sistemas de geolocalización en tiempo real y serán asequibles (seguramente ya lo podrían ser) pero hasta entonces..¿Teléfono móvil obligatorio? Pues en muchas pruebas y dependiendo del área a cubrir puede ser la diferencia entre el susto y la muerte. Una persona en apuros puede pedir auxilio siempre que tenga cobertura de red pero además una organización también en apuros que disponga del número móvil de un participante puede llamarle. Al hilo del ejemplo anterior: un corredor no ha pasado por el control en el tiempo estimado y no sabemos donde está, pues le llamamos: “Aló, aló ¿fulanito de tal donde está usted que no ha pasado por el control del kilometro 254?” y por suerte nos contesta: “¡No pasa ná! Estaba cansado y me he retirado. Estoy en mi furgo a punto de meterme en el saco dormir, gracias por llamar”. Efectivamente, el móvil es una herramienta que bien utilizada proporciona seguridad.

Para una organización son muchas las facetas a cubrir, como el avituallamiento, la comunicación, el marcaje etc. Pero irremediablemente todo lleva el sello de la SEGURIDAD e inevitablemente ocurrirán imprevistos y accidentes. Pero si de forma preventiva se han hecho todos los esfuerzos posibles, las consecuencias serán menores. La figura del coordinador de seguridad y un plan más o menos completo de seguridad (puestos de socorro, ambulancias, personal especializado etc) y emergencias deberían ser la norma en cualquier carrera por montaña.

La administración debería colaborar sobre todo con las organizaciones no profesionales para exigirles, pero al mismo tiempo facilitarles las tareas; quien concede permiso debe ser partícipe de la responsabilidad que las organizaciones asumen. Y una vez que la organización ha puesto los medios necesarios, solo falta que los participantes seamos igual de responsables y no provoquemos situaciones difíciles ni asumamos riesgos innecesarios. La seguridad es salud.