La asturiana habría dado positivo por furosemida en un control antidopaje…
Nuevo caso de dopaje en el atletismo asturiano. La corredora Patricia Álvarez Pérez ha dado positivo por furosemida, un diurético prohibido por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), en un control del cual no tenemos noticias de cuando se realizó. Eso sí, la World Athletics pone fecha a la apertura del expediente, 14 de julio de 2025 .
Álvarez, campeona de Asturias de 5.000 metros este año, es considerada una de las fondistas más completas del Principado. Abarca especialidades tan diversas como el campo a través, la pista, el asfalto y también la montaña, donde registra podios en pruebas como Trail Valle de Samuño, Oro Trail Race, Desafío Somiedo, Abeduriu Trail, Ultra Sanabria o Kangas Mountain, además de su reciente podio en la Quebrapates Trail, disputada en octubre de 2025. Su UTMB Index supera los 600 puntos, situándola también en el radar del trail nacional.
La sustancia encontrada, furosemida, es un diurético de uso médico habitual, pero está prohibido en el deporte en todo momento por su capacidad para actuar como agente enmascarador: incrementa la producción de orina y puede diluir otras sustancias prohibidas, dificultando su detección. Por ello, su simple presencia en una muestra constituye una infracción antidopaje, independientemente de que existan o no otros compuestos asociados.
Tras el hallazgo, el caso ha sido remitido al Departamento de Control, el área técnica encargada de revisar el expediente, valorar una posible contramuestra y determinar los pasos siguientes dentro del proceso sancionador.
Personas del entorno deportivo de la atleta, fisioterapeuta de profesión, señalan que Álvarez mantenía un patrón competitivo irregular, alternando actuaciones destacadas con largos periodos sin competir: “solía aparecer en una carrera para buscar la victoria y luego desaparecía; no daba la sensación de competir por disfrutar, sino por ganar”, apunta una fuente conocedora.
El positivo de Álvarez revive también un debate incómodo pero necesario: el impacto real que estos comportamientos tienen sobre el resto de atletas. Cada vez que una corredora compite con ventaja ilícita, desplaza del podio a deportistas que sí respetan las reglas, altera clasificaciones y distorsiona el mérito deportivo. Incluso en pruebas modestas o de “segunda fila”, los podios suelen llevar asociados premios en metálico, material deportivo o visibilidad, elementos que pueden marcar la diferencia en la trayectoria de una atleta honesta. Esta realidad evidencia la profunda desigualdad que genera el dopaje, no solo en el alto nivel, sino también en el tejido base del atletismo y el trail.
El caso subraya, además, la necesidad de reforzar los controles y la vigilancia por parte de la CELAD, especialmente en categorías y competiciones donde la presencia de test aleatorios ha sido históricamente escasa. Otras agencias autonómicas, como la vasca, han demostrado que un sistema sólido, constante y bien planificado puede actuar de forma preventiva y mantener la integridad competitiva. Si se busca un deporte justo y creíble, estos estándares deberían extenderse a todo el territorio, garantizando que ningún atleta honesto vuelva a perder oportunidades frente a quienes deciden atajar por vías prohibidas.

